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TÉCNICOS DE ARANZADI BUSCAN AL PADRE DE JOSEFINA Y MARAVILLAS LAMBERTO EN UN TERRENO DE IRUÑELA

Por   /   24 septiembre, 2013  /   Sin Comentarios

Tras la investigación desarrollada desde marzo de 2012 por la Asociación de Familiares de Fusilados de Navarra; el abogado Juan Frommknecht; el coordinador editorial de El Informador, Gorka Moreno; y la Asociación Txinparta, un equipo de Aranzadi inició ayer la búsqueda del cuerpo de Vicente Lamberto, asesinado junto a su hija Maravillas en 1936. Los trabajos se están llevando a cabo en la pieza de Iruñela donde fue enterrado, de uso agrícola y conocida antiguamente como la huerta de Juan Vizcar. Sin embargo, la zona se vio afectada por la concentración parcelaria de 1971 y es posible que con los movimientos de tierras los restos quedaran esparcidos. Aún no se ha hallado el cadáver, pero falta un área considerable por peinar. Josefina, como siempre, estuvo en primera línea.

 

Josefina, Arbizu y Pla examinan el zapato encontrado durante la prospección. EL INFORMADOR

Josefina, Arbizu y Pla examinan el zapato encontrado. EL INFORMADOR

 

NOTA EDITORIAL: Navarra todavía permanece enfrentada en dos bandos. Y probablemente seguirá así durante muchos años más. Pero puedo asegurar que en la investigación sobre el paradero de Vicente Lamberto han arrimado el hombro personas de ideologías teóricamente opuestas. Probablemente porque se trata de una causa justa. Y porque Josefina enamora a cualquiera. En cierta medida, a mí me ha tocado hacer de puente entre ellas. Ha sido un proceso largo, duro, donde a menudo perdí la esperanza y no veía una salida. No sé si encontraremos a Vicente, pero sí tengo muy claro que el camino de la normalización (y a mi juicio, de la reconciliación) se construye poco a poco con historias como la de Josefina, un símbolo para quienes creen en la verdad y en la necesidad de reparar el daño causado a miles de navarros en 1936. El mero hecho de que los técnicos trabajen desde ayer sobre el terreno es una victoria en sí misma para todos aquellos que conservamos la fe en las personas. Independientemente del resultado final, Josefina al menos podrá descansar de una vez por todas. No tenía intención de publicar nada hasta que el caso se cerrara, pero me he visto obligado a adelantar los plazos por varios motivos… Además, la única hermana viva de Maravillas no acudirá hoy a Iruñela, de modo que no tendrá que enfrentarse a los medios de comunicación. Tal vez me haya equivocado, pero creo que todo el mundo debe saber lo que está sucediendo en el valle de Yerri.

- ¿Estás tranquila, Josefina?

- Hombre, tranquila estoy, aunque sé que vas a contarme algo de mi padre. Cuando me llamaste y me dijiste que era algo importante, enseguida me hice a la idea. Incluso he soñado esta noche que venías a coger muestras de mi ADN.

- Tienes razón. Conocemos el lugar donde enterraron a tu padre. Juan Frommknecht (abogado navarro) y yo te prometimos hace año y medio que haríamos todo lo posible por fijar el punto. Como sabes, hemos trabajado conjuntamente con la Asociación de Familiares de Fusilados de Navarra, especialmente con Joseba Eceolaza y Josetxo Arbizu, que se han volcado en este tema, y con Koldo Pla, de Txinparta. Y lo hemos logrado. Tal vez no lo encontremos, porque como ya te conté aquellos terrenos se vieron afectados por la concentración parcelaria de 1971 y hubo muchos movimientos de tierras. No queremos darte falsas esperanzas, pero hemos llegado hasta donde hemos podido.

Había recreado ese instante en mi imaginación desde marzo de 2012, cuando comencé a escribir la historia de quien hoy es como una abuela para mí. O tal vez incluso algo más importante, porque mis verdaderas abuelas sí tuvieron el cariño que a Josefina le ha faltado durante décadas. El pasado 22 de agosto al fin se hizo realidad.

Antes de sentarme a hablar con ella, contemplé una vez más las fotos de homenajes a los 3.500 fusilados en la Comunidad foral que adornan su dormitorio de la Casa Misercordia. Y cuando me relajé, la única hermana viva de Maravillas, aquella niña de catorce años que fue violada y asesinada junto a su padre el 15 de agosto de 1936, volvió a darme una lección. Todas las personas que habíamos colaborado en la investigación coincidíamos en que debía ser especialmente cuidadoso al darle la noticia. A sus 84 años y a pesar de que siempre ha insistido en que sólo recuperar a Vicente podía aportarle algo de paz, Josefina se mantuvo serena.

Josefina (segunda dcha.) observa la labor de los técnicos. EL INFORMADOR

Josefina (segunda dcha.) observa la labor de los técnicos. EL INFORMADOR

 

Mientras le mostraba toda la documentación recabada, no derramó una sola lágrima. Y estampó con fuerza su firma en el consentimiento que autorizaba a la Asociación de Familiares de Fusilados de Navarra (AFFNA 36) a llevar a cabo la prospección y posible exhumación del cadáver en su nombre, uno de los trámites exigidos por el Gobierno de Navarra. Tanto dolor le ha curtido, aunque aún conserve su angelical sonrisa.

Apenas dos días antes, Eceolaza ya había entregado el informe antropológico pertinente y los permisos de los propietarios de los terrenos al Departamento de Presidencia, Justicia e Interiordel Ejecutivo foral. Entre otras cosas, él gestionó la parte burocrática. Pero sin la autorización de Josefina no se podía tramitar el expediente.

- Piensa que ahora tardaremos unas semanas en obtener el visto bueno del Gobierno de Navarra…

- Mi chico, si he esperado 77 años podré aguantar un poco más…

El historiador José María Jimeno Jurío, con su libro ‘La Guerra Civil en Navarra 1936-1939’, nos había puesto sobre la pista. En 1978 visitó la zona donde había sido enterrado Vicente junto a Pilar, hermana de Josefina ya difunta, y algunos testigos presenciales de la inhumación, llevada a cabo por vecinos de Ibiricu de Yerri en el término municipal de Iruñela, muy cerca del kilómetro 12 de la NA-120. Pero Josefina, entonces una monja que sufría el desprecio de sus compañeras, jamás pudo recabar la información que tenía Pilar. “Ella sabía más que yo…”, afirma.

El lugar, conocido antiguamente como la huerta de Juan Vizcar, ya no existe como tal. Pero lo descubrimos gracias, especialmente, a diversos documentos que algún día mostraré y a dos testigos de aquellos hechos: Pedro López, que falleció el pasado 7 de julio a los 90 años, y un roble de 91 que prefiere preservar su anonimato. No concibo mejor homenaje para ambos que dedicarles estas palabras de afecto. A los dos se les notaba especialmente compungidos cuando recordaban aquellos días de 1936 en que la muerte llegó a su pueblo. De hecho, López ya había contribuido activamente en la exhumación de diez vecinos de Lodosa que habían sido enterrados en una parcela de su propiedad.

“Cada vez que mi hermano y yo íbamos a esa finca, mi padre nos obligaba a rezar el Padrenuestro”, nos explicó en uno de los viajes que hicimos Frommknecht y yo a la localidad del valle de Yerri.

De la pobre Maravillas no quedó nada, porque fue hallada días después en avanzado estado de descomposición y con los glúteos devorados por los perros. Como ya relaté en ‘Unidos por la verdad 1936-2012’, le prendieron fuego “por pura humanidad”.

El día en que presenté mi primer libro, me comprometí a desgranar todos los entresijos de la investigación llevada a cabo desde entonces en un segundo volumen, así como infinidad de detalles que no caben en un simple reportaje para una web. Porque la búsqueda de Vicente, más allá de que los técnicos de la Sociedad de Ciencias Aranzadi finalmente encuentren o no sus restos, nos muestra el camino a seguir para alcanzar la normalización y, a mi juicio, la reconciliación.

Personas de ideologías teóricamente opuestas han trabajado para dar a Josefina la oportunidad de cerrar un capítulo de su vida que ha durado 77 años. Un capítulo marcado por la angustia, la marginación y la soledad. En cierta medida, a mí me tocó hacer de puente entre todas ellas. Es más, incluso he recuperado la fe en el periodismo. Ojalá el cuerpo de Vicente vuelva a casa, a su Larraga natal. Porque Josefina no lo quiere sólo para ella. De hecho, ya me ha confesado que si aparece lo enterrará en el panteón donde descansan los restos de los 47 vecinos de la localidad que perdieron la vida a manos de salvajes. “Quiero que esté con los nuestros”.

- Josefina, teníamos algunas dudas acerca de si debíamos contarte todo antes de que Aranzadi llevara las palas a Iruñela o hacerlo cuando el proceso, para bien o para mal, hubiera concluido. No queríamos hacerte sufrir…

- Mi chico, ya sabes que a mí me gusta implicarme. Y quiero estar allí cuando entren las máquinas. Tendré que daros algún dinerico… Tantos viajes, tantas gestiones, las prospecciones (sufragadas por la Asociación de Familiares de Fusilados de Navarra)… ¿Cómo os pagaré todo lo que me habéis ayudado?

- Con tu cariño, Josefina. Sabes que conocerte y compartir contigo lo que has vivido incluso me ayudó a sobrellevar mejor la enfermedad de mi padre y su muerte. Contamos con los permisos de los propietarios de los terrenos, que se han portado de manera excelente. El alcalde del valle de Yerri, Luis Albéniz, y los dueños (Fernando Izcue y uno de los hijos de Pedro López) nos han ayudado en todo lo que les hemos pedido.

- Pero ahora quiero que tomes algo. Hoy no te vas sin que te convide a un refresco en la cafetería…

¡Cuántas veces había escuchado aquellas palabras!

- Tenemos cosas más importantes que hacer, Josefina. Necesito que me firmes estos papeles. Y en septiembre iremos a Iruñela con los técnicos de Aranzadi para buscar a tu padre.

- A ti, todo lo que quieras. Ya sabes que confío en ti y me creo todo lo que me cuentas. ¡Ay, cuánto os molesto, mi chico! Y eso costará un dinero, ¿no? No me hago ilusiones, pero si aparece me gustaría ver el tiro que tendrá en la cabeza.

- Es muy difícil, pero debemos intentarlo. Ya hemos llegado más lejos de lo que esperábamos…

- Vale, vale, pero vamos a la cafetería que si no te escapas…

En ese instante, la estrujé entre mis brazos con todas mis fuerzas, sobre todo cuando repitió la misma frase hasta en tres ocasiones. No pude marcharme sin beber un mosto y degustar unas sabrosas aceitunas rellenas, mientras me reprochaba por enésima vez lo “flaquito” que estoy.

UNA ESPERA INTERMINABLE

Ha pasado un mes desde entonces. Treinta días y treinta noches de nervios, tensiones y algunos episodios de insomnio viendo cómo el visto bueno del Ejecutivo foral no terminaba de llegar (en el futuro libro ya relataré lo ocurrido durante esas semanas). Por suerte, algunos echaron un cable en el momento más delicado.

Me había comprometido personalmente con los dueños de los terrenos a llevar a cabo la prospección antes de la siembra, que suele comenzar a principios de octubre. El miércoles día 19, casi sobre la bocina, Ioseba Eceolaza, con quien me entendí a la perfección desde el primer momento, me despertó poco después de las ocho de la mañana. Se le veía tan ilusionado como a mí: “¡Ya está, Gorka! Me han confirmado que tenemos el permiso, aunque nos lo entregarán el viernes. Así que el martes entramos con las máquinas. ¡Y anuncian buen tiempo!”. Si Dios existe, pensé, hallaremos el cuerpo de Vicente.

Acto seguido telefoneé a Josefina. Estaba en el Hospital San Juan de Dios cuidando a un voluntario del Comedor Solidario París 365 que se encuentra gravemente enfermo desde hace semanas. Ella, que también colabora con el comedor social, resta importancia a esos gestos. Yo creo que es precisamente su humildad lo que le convierte en una mujer tan especial. A pesar de todo lo que ha vivido, sigue amando a quienes más lo necesitan. Y lo hace desde la sencillez. Cuando escuché su voz, parecía calmada. Como siempre.

- El martes vamos a empezar la búsqueda de tu padre, Josefina. El lunes me paso a verte un rato y organizamos todo.

- ¡Qué bien! ¡Gracias! Ahora me voy a cuidar al chico del París 365.

- ¿Seguro que estás bien? ¿Necesitas algo?

- Estoy bien, de verdad.

Ioseba Eceolaza y Josefina Lamberto, compartiendo impresiones en Iruñela. EL INFORMADOR

Eceolaza y Lamberto, compartiendo impresiones en Iruñela. EL INFORMADOR

 

LAS HORAS PREVIAS

Este lunes la visité de nuevo. Quería comprobar cómo se encontraba. Y como intuía, estaba bastante más tranquila que yo. Me recibió vestida con una llamativa blusa fucsia. Intenté aparentar que tenía todo bajo control, pero me temblaban las piernas. De nuevo, apaciguó mi tensión.

- ¡Qué guapa te has puesto, madre mía! Es la primera vez que te veo con una ropa de un color tan intenso…

- Para guapo tú, mi chico. Con lo majo que eres, seguro que tienes a un montón de chicas a tu alrededor…

- En eso, por desgracia, te equivocas. Pero no me importaría que me dijeran las mismas cosas que tú… Bueno, anda, que al final me vas a sacar los colores. ¿Muchos nervios?

- Mi chico, soy fuerte. Hace años que perdí la esperanza de encontrar a mi padre. Aún conservo un poquito, pero casi nada. Si aparece, me alegraré, abrazaré los huesitos, los besaré y los llevaré a Larraga. Aunque sea en una caja de cartón si no puedo pagar algo mejor. Y si no, al menos sabré que se ha hecho todo lo posible.

- Eso sí, mañana ponte un gorro para el sol, que anuncian bastante calor. Yo te llevaré una silla plegable para que estés más cómoda.

- ¡Ay, mi chico! Sé que cuando vaya me emocionaré y lloraré. Pero creo que aguantaré bien porque ya me he hecho a la idea. De todas formas, tienes que dejarme que os invite a comer y que pague la gasolina. Y quiero tener algún detalle con quienes me habéis ayudado. Algún día tendré que gastar lo poco que tengo, ¿no? Hay que ser agradecido con las buenas personas.

- ¿Pero cómo puedes pensar ahora en eso? Hoy no vamos a discutir por esos temas. Siempre acabamos igual, mujer… Yo creía que estarías dándole vueltas a la cabeza sin parar…

- Mira, nunca podré cerrar algunas de las heridas que aún tengo abiertas. Pero de tanto sufrir me he vuelto más dura. ¿Y cómo tienes tú la rodilla? Si pudiera curarte con un besito, te daría cien…

- Eso es otro cantar, Josefina. No hay manera de coger fuerza en esta dichosa pierna tras la operación… Hay otro tema que me preocupa. Hasta ahora hemos trabajado con mucha discreción, tal y como hablamos, pero es posible que algún periodista, aparte de mí como es obvio, se entere de que vamos a Iruñela. Estamos intentando que esto no se convierta en un circo, pero hay cosas que no podemos garantizarte.

- Bueno, yo no tengo nada que esconder. No iré a la cárcel por esto…

Los dos acabamos riendo como críos. Ahora lo veo claro: detrás de esa aparente inocencia vive una persona de ideas claras e ingenio agudo. “No sé si Josefina será capaz de mantener intacta su entereza. El tiempo lo dirá. Ojalá que, por una vez, la suerte le acompañe”, pensé mientras se despedía de mí agitando la mano.

LLEGAN LAS MÁQUINAS

Poco antes de las nueve de la mañana de ayer, la recogí en la Casa Misericordia. Habíamos quedado en Ibiricu de Yerri con Eceolaza, Arbizu, Pla y el equipo de Aranzadi, compuesto por Jimi Jiménez, Asier Izagirre, Tito Agirre y Sebas Lasa. Unos tipos cercanos y con tablas. Luego se sumarían Frommknecht, Albéniz, Izcue y su familia…

Josefina se había puesto unos zapatos viejos porque los que usa habitualmente son de ortopedia “y cuestan 85 euros”. Sonreía. Ni un ápice de nerviosismo en su mirada.

- ¿Has dormido hoy?

- Sí, mi chico. Ya estoy curada de espanto. Me he levantado como siempre a las seis y media y he ido a la lavandería a doblar ropa de los residentes de la Misericordia.

- No te creo…

- A mí me gusta cumplir con mis obligaciones. ¿Por qué iba a cogerme fiesta?

Como no podía ser de otra manera, insistió en comprar chorizo, salchichón y bebida para todos. Pero no le dejé pagar la gasolina.

- Hay que daros de almorzar. Tenemos que picar algo o nos desmayaremos. Yo también quiero aportar algo. No me gusta que me den todo y no hacer nada a cambio.

No pude negarme. Algún día, cuando escriba el nuevo libro, reproduciré toda la conversación que mantuvimos durante el viaje. Pero os adelanto que, una vez más, fue entrañable. Al lado de Josefina me olvido de los problemas, del trabajo… Somos ella, su dulzura y yo. El resto importa poco.

Cuando llegamos a la parcela, primero delimitamos la antigua huerta de Juan Vizcar, aunque optamos por ampliar el perímetro por si los movimientos de tierras habían desplazado el cadáver de su emplazamiento original. En total, la superficie que debía peinarse abarca unos mil metros cuadrados. La herramienta: una excavadora con cazo de limpieza y no de dientes, para extraer más tierra y no romper los restos en caso de descubrirlos.

El sol azotaba con fiereza. Todos estábamos especialmente preocupados por Josefina. Teníamos miedo de que se mareara con tanta emoción y calor. En algunos momentos le vimos con el ánimo un poco decaído, pero aguantó como una jabata. Se sentaba y levantaba de la silla sin cesar. Enseguida comprendió que hallar los restos de su padre sería una labor complicada. Pero se contuvo.

- Va a ser difícil que mi padre aparezca. Es una parcela tan grande… Pero bueno. No se puede hacer nada ante eso.

- Ya sabes que no tienes por qué hacerte la fuerte…

- He llorado mucho más durante décadas por culpa de las monjas… Tengo la conciencia tranquila. No he hecho mal a nadie.

En torno a las once y media de la mañana comenzaron las prospecciones. Durante más de una hora no hubo ninguna señal. Pero a la una menos veinte, saltó la alarma.

- ¡Hemos encontrado un zapato!- exclamó uno de los técnicos. Estaba a un metro y medio de profundidad más o menos.

Josefina se acercó rápidamente. Pero tras examinarlo, todos coincidimos en que no podía ser de la Guerra Civil. Demasiado nuevo… Y a la una llegó el sobresalto del día.

- ¡Hay un hueso ahí!- anunció Asier.

La hermana de Maravillas pareció inquietarse, aunque no en exceso. No hubo suerte. Tras cavar un poco más, descubrimos que se trataba del esqueleto de un animal, posiblemente de un perro.

El equipo de El equipo de Aranzadi halló unos huesos, pero eran de un animal. EL INFORMADOR

El equipo de Aranzadi halló unos huesos, pero eran de un animal. EL INFORMADOR

 

Y poco después, Josefina volvió a sorprendernos. Pla y Arbizu tenían que regresar a Pamplona a la hora de comer. Ella quiso marcharse con ellos.

- Aquí ya no puedo hacer mucho. Conforme vayáis sabiendo más cosas me informáis y ya está. El chico del París 365 me necesita y quiero ir a verle esta tarde. Y mañana hacemos lo mismo, si te parece. He venido al lugar y he visto todo lo que estáis haciendo. Me quedaría más tranquila y satisfecha  si me dejarais pagar parte del coste de la excavación… La vida está muy cara y esto no es gratis.

- Eso déjalo. Ya ves cuánta gente se ha movilizado. Bueno, descansa y ya te iremos contando.

- Por supuesto. ¡Y personas de ideas tan diferentes! Dame un beso, mi chico.

Los trabajos continuaron hasta las seis de la tarde. Tantas horas al sol dieron mucho de sí. Nos pasamos la jornada entera elucubrando hasta qué punto la concentración parcelaria pudo provocar que el cuerpo de Vicente quedara diseminado, revisando los mapas, haciendo cábalas sobre cómo fueron los movimientos de tierras, buscando una señal entre las zanjas…

No hubo hallazgo. Eso sí, aún queda una zona amplia por examinar. Yo me agarro a un detalle aparentemente insignificante para no perder la esperanza. Durante todo el día, una juguetona mariposa blanca revoloteó a nuestro alrededor. Puede que os parezca absurdo, pero hay personas a las que adoro que comprenderán por qué lo digo. Hoy seguiremos buscando…

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