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“¿ESTAMOS HACIENDO LOS PERIODISTAS TODO LO POSIBLE PARA AYUDAR A RECONSTRUIR NUESTRA DEMOCRACIA?”

Por   /   19 octubre, 2013  /   Sin Comentarios

De vez en cuando, resulta reconfortante que tus colegas se acuerden de ti, sobre todo cuando careces de apoyos y medios. Ayer, durante la entrega de los Premios Teobaldo 2013 en el Parador de Turismo de Olite, las emociones me desbordaron. Compartí instantes únicos con infinidad de personas, incluida mi familia; me reencontré con antiguos compañeros de promoción y de trabajo; conocí a periodistas que me hicieron sentirme especial por una noche… Pero, sobre todo, saldé una deuda con mi padre. Después de recibir el Teobaldo al mejor trabajo periodístico en defensa de los valores y los derechos humanos, espero no defraudar a quienes me han creído merecedor de este galardón.

 

La entrega del Teobaldo. EDUARDO SANZ

La entrega del Teobaldo. EDUARDO SANZ

 

- ¿Qué quedará después del premio, Gorka? Es muy bonito que haya muchas personas que se acuerden de ti, que te escriban felicitaciones… A la hora de la verdad, a todos nos gusta que nos reconozcan. ¿Pero eso es lo más importante? Yo te conozco y sé cómo piensas…- me preguntó una gran amiga el pasado miércoles.

- ¿La verdad? Este premio me ha permitido saldar una deuda que creía tener con mi padre (falleció el pasado mes de febrero). Con este premio he podido devolverle todo el apoyo que me brindó incluso cuando pensé en dejar el periodismo ante la falta de oportunidades. Y he podido demostrarle que no estaba equivocado al confiar en mí- respondí con lágrimas en los ojos.

Ayer, el Parador de Turismo de Olite se vistió de gala para acoger la entrega de los Premios Teobaldo 2013, concedidos por la Asociación de Periodistas de Navarra “a aquellos profesionales que han destacado por su labor”. Óskar Alegría recibió el Teobaldo al periodista navarro de 2013 por su película ‘Emak Bakia‘; Blanca Petrina y Cristina Asiáinde la empresa de comunicación AZ2 (que edita las revistas Entorno Zona Media y Entorno Valdizarbe), el Teobaldo al mejor trabajo periodístico de promoción de los municipios y concejos de Navarra; Javier Sesma, de Diario de Navarra, el Teobaldo a la mejor fotografía de prensa por la imagen de la delegada del Gobierno en la Comunidad foral, Carmen Alba, huyendo en Sanfermines de un toro que le perseguía por el callejón de la plaza de Toros (ella misma entregó a Sesma la estatuilla); Esperanza Soroa, jefa del gabinete de comunicación de Baluarte, el Teobaldo al mejor trabajo periodístico de promoción de la cultura en Navarra; la Cadena SER, el Teobaldo al mejor trabajo periodístico de promoción de los atractivos turísticos de la Comunidad foral (recogió el galardón su director de contenidos en Navarra, Mikel Muez); Carmen Remírez, redactora de Diario de Navarra, el Teobaldo al mejor trabajo de periodismo social; y un servidor, el Teobaldo al mejor trabajo periodístico en defensa de los valores y derechos humanos, impulsado y patrocinado por el Grupo MTorres.

No era un día para trabajar grabadora en mano. La libreta se quedó en casa. Tal vez por eso no pueda reproducir las palabras de mis compañeros galardonados; de la presentadora, Maite Moreno; ni del presidente del Grupo MTorres, Manuel Torres, que me hizo salir tembloroso al atril. Demasiadas emociones. Visualicé mi vida entera en apenas tres minutos. Pero recuerdo una de las frases de Torres: “Gorka es un misionero”. Tampoco olvidaré al presidente de la Asociación de Periodistas de Navarra, Miguel Ángel Barón, cuando resaltó: “Gorka, amigo Gorka, te hierve la sangre. No lo puedes remediar. Morirás peleando, pero siempre dando. Dios te ha hecho así”. Casi nada…

Lo cierto es que compartí momentos realmente únicos con infinidad de personas, incluida mi familia, y que un pequeño trozo de mi corazón descansa ya entre los muros del parador. Me reencontré con compañeros de promoción y trabajo a los que no veía desde hacía mucho tiempo; conocí a colegas que me regalaron sonrisas y felicitaciones, y a algunas autoridades y empresarios que me sorprendieron por su cercanía y sentido del humor… Espero no defraudar a partir de ahora a quienes me ven como un periodista comprometido.

Sin necesidad de pedírselo, Eduardo Sanz se encargó de plasmar la gala en imágenes. Eduardo es así. No puede soltar su cámara ni en las celebraciones. Jamás se relaja. Manda narices que sea yo el que lo diga… Pero hoy, sus fotografías son mucho más ilustrativas que estas líneas. No me queda gasolina ni para encender el motor…

Una parte de este premio también le corresponde a Eduardo Sanz. EL INFORMADOR

Una parte de este premio también le corresponde a Eduardo Sanz. EL INFORMADOR

 

Eso sí, me gustaría aprovechar este artículo para dejaros el contenido de mi intervención. A última hora la reduje porque me di cuenta de que era excesivamente larga. Pero necesitaba hablar, aunque me costó una barbaridad. Han sido meses complicados… No obstante, aquí tenéis la versión primera, íntegra y sin los ajustes finales. Tal vez así podáis conocer un poco más a quien está detrás de El Informador.

“Buenas noches a todas y todos. En primer lugar quiero felicitar al resto de los premiados y dar las gracias a la Asociación de Periodistas de Navarra y al Grupo MTorres por este reconocimiento. Honestamente, no me lo esperaba. Y menos aún me esperaba todas las muestras de afecto que he recibido desde el lunes. Desde hace bastante tiempo creía estar solo en esto del periodismo… Porque el camino no ha sido precisamente fácil. Este galardón da sentido a cientos de noches de tensiones, frustración y lágrimas. Así que si me emociono o me alargo demasiado, les pido comprensión.

No creo que sea ejemplo de nada y mucho menos merecedor de tan hermosas palabras. He cometido infinidad de errores, tanto a nivel personal como profesional. Eso sí, puedo decirles que sin periodismo, no sólo no hay democracia. Al menos para mí, sin periodismo no hay esperanza. Pero tal vez debamos preguntarnos, yo el primero, si los periodistas estamos haciendo todo lo que está en nuestras manos para ayudar a reconstruir nuestra democracia y devolver la esperanza a la sociedad…

Quiero dedicar el premio a mi madre y mis hermanos, por demostrarme día tras día que la unión hace la fuerza; a Juan Frommknecht, por recordarme que la Justicia no entiende de bandos; a Eduardo Sanz, fotógrafo, que desde hace un año siente El Informador como si fuera su propio proyecto; a César Méndez y Maite Hernández, que con sus colaboraciones y su amistad me ayudan a mantenerme en pie cuando no veo la salida; a Dalia Moliné, por enseñarme a bucear en aguas turbulentas sin ahogarme; a Manuel Corera, por su lealtad; a Rakel Mateo y la Asociación Goizargi, por devolverme la alegría; a ACOES Navarra, porque las grandes ideas deben traducirse en pequeños actos; a los protagonistas de mi primer libro, ‘Unidos por la verdad 1936-2012’, especialmente a Josefina Lamberto, porque sus trágicas experiencias me sirvieron para darme cuenta de que lo importante no son las siglas, sino las personas; a Miguel Ángel Jimeno, por sus sabios consejos; a mi cuadrilla y amig@s, por soportar estoicamente mis ‘chapas’, como ellos dicen; y a todos los que me han abierto sus puertas en el último año y medio a pesar de que no podía ofrecerles nada a cambio salvo mi cariño y mi confianza …

Pero sobre todo, este premio se lo dedico a mi padre. Le pertenece más que a nadie. Si no le hubieran detectado un cáncer hace cuatro años, no me habría quedado en Pamplona, no habría creado El Informador y hoy no estaría aquí. Posiblemente estaría viajando de un lado a otro, como había hecho hasta entonces, tratando de encontrar en vano mi lugar en el mundo. Pero gracias a Goizargi he comprendido que incluso tras la muerte uno puede hallar oportunidades. Una lástima que mi padre nos dejara en febrero. Al menos pudo acompañarme en la presentación de mi libro.

Recibí la noticia de su enfermedad tres días después de llegar de Honduras, donde había permanecido seis meses como voluntario de ACOES Navarra y había escrito varios reportajes de investigación e interés humano. Una bacteria me obligó a adelantar mi regreso. Había perdido casi doce kilos. Ironías de la vida, 48 horas después de aterrizar en Pamplona estalló el golpe de Estado que acabó con el derrocamiento de Mel Zelaya. En aquel momento apenas había periodistas españoles en Honduras. Pero no pude contar lo que estaba sucediendo en ese país tan olvidado, a pesar de ser el segundo más pobre de Latinoamérica y el más violento del mundo que no padece un conflicto bélico.

La vida me situó aquí, al lado de los míos. Tras haber pasado por Madrid, Estados Unidos, Mallorca, Zaragoza, Afganistán, Turquía o la propia Honduras y haber trabajado o colaborado con medios como CNN+, Efe, El Periódico de Aragón y el de Catalunya, Canal 4, Net 21, Tiempo o Man, entre otros, debía enfrentarme a la prueba más dura de todas: despedirme de mi ángel de la guarda, de quien siempre me apoyó para que no renunciara a mis sueños, de quien creyó en mí más que yo mismo. Atrás quedaban la guerra de Irak de 2003, que viví en territorio norteamericano; la investigación sobre el accidente aéreo del Yak-42, que me forjó como periodista durante casi tres años; o las misiones internacionales del Ejército español en Irak y Afganistán, entre otros temas.

Mi padre era un hombre sencillo, de pocas palabras. Pertenecía a esa generación que construyó nuestro mundo a base de esfuerzo, constancia y sacrificios. Esa generación que nos dejó casi todo hecho. ¿Estamos nosotros a su altura? Tengo mis dudas.

Con su ejemplo, me enseñó que lo más importante es ser libre, aunque eso te obligue a trabajar de manera más humilde y lejos de los focos. También me dejó bien claro que a la vida hay que enfrentarse con una guindilla en el trasero; que compartir cuando se tiene todo no es una opción ni un motivo de halago, sino una obligación moral; y que uno debe volver a empezar tantas veces como sea necesario hasta elegir el camino correcto.

Dicen que el idealismo destruye los buenos negocios. Pero El Informador no nació con el objetivo de ser un negocio. Cuando comencé a darle forma en marzo de 2012, todo era oscuridad. Tocaba empezar de cero y desde abajo. A mi padre apenas le quedaba ya un año de vida, no había manera de encontrar un empleo… Sólo quería sentirme vivo. Me resistía a arrojar la toalla. No podía renunciar a lo que soy y olvidarme de todas aquellas fuentes que siguen a mi lado por mucho que ya no tenga el respaldo de una cabecera importante. Esas fuentes a las que debo tanto…

Ya que vivir del periodismo se ha convertido casi en un lujo, quise crear un medio independiente, desvinculado de intereses políticos de cualquier tipo, donde hubiera hueco tanto para las investigaciones más duras como para historias humanas y cercanas. Un medio que sirviera para tender puentes y no para dinamitarlos, aunque esa labor a veces no se vea en los artículos. Yo lo llamo ‘periodismo reconstructivo’. No sólo se trata de sacar primicias y exclusivas, que también, sino de aportar algo más que una firma.

Les pondré un ejemplo relativamente amable, aunque podría mencionar otros mucho más espinosos. En 1936, Josefina Lamberto, que ya ha cumplido 84 años, perdió a su padre, Vicente, y a su hermana Maravillas, una niña de 14 años a la que violaron varias veces en su Larraga natal antes de fusilarla junto a su padre en Iruñela, en el corazón del valle de Yerri. De la pequeña no quedó nada porque la encontraron descompuesta y la quemaron por pura humanidad. Pero a Vicente lo enterraron unos lugareños en una pieza de labranza. Este caso, que ha dado pie a poemas y canciones, posiblemente sea el más dramático y emblemático de todos los fusilamientos cometidos en Navarra tras el inicio de la Guerra Civil. Y estaba sin cerrar. Hasta ahora.

Josefina, a pesar del rechazo de su familia, se hizo monja, pero durante décadas únicamente recibió desprecios de sus compañeras. Su vida estuvo marcada por la marginación. Cuando escribí mi primer libro relaté su historia, pero le prometí que haría todo lo posible por encontrar a su padre ya que, según me confesó, únicamente eso podía darle algo de paz.

Así que me dediqué a unir voluntades en bandos teóricamente opuestos para intentar hacer realidad el deseo de Josefina, la única superviviente de su familia. Conjuntamente con Juan Frommknecht, la Asociación de Familiares de Fusilados de Navarra y la Asociación Txinparta, investigamos durante año y medio hasta localizar el punto donde Vicente fue inhumado. El reto era complicado porque había sospechas de que con la concentración parcelaria de 1971, los terrenos podían haber quedado arrasados. Pero había que intentarlo. Josefina se lo merecía con creces. Porque a pesar de su edad, regala amor y parte de sus escasos recursos a quien los necesita, es voluntaria del Comedor Solidario París 365 y, cada mañana, dobla ropa de los residentes de la Casa Misericordia, donde vive desde hace varios años.

Entre el 24 y el 25 de septiembre, técnicos de la Sociedad de Ciencias Aranzadi trabajaron a destajo para intentar hallar los restos de Vicente. Por allí pasaron, a título personal, representantes, afiliados y simpatizantes de distintos partidos políticos. Todos unidos por una causa justa. Nadie se escondió. Cada uno ayudó en lo que pudo. Les aseguro que hubo magia en aquellos campos.

Por desgracia, el cuerpo no apareció. El bulldozer que destruyó ribazos y allanó aquella finca hizo bien su labor. Pero Josefina hoy puede respirar algo más tranquila porque sabe que nos dejamos la piel. Y los demás podemos sentirnos relativamente satisfechos a pesar de la desolación inicial, porque tal vez hayamos sentado un precedente de cara al futuro. Como intuía, fue ella quien me consoló a mí y no al revés. Jamás olvidaré la lección que me dio al verme completamente roto por no haberle regalado ese momento de felicidad que le debía el destino: ‘Las cosas no pueden salir siempre como uno quiere, mi chico. Con todo lo que habéis trabajado… ¿Qué puedo hacer? ¿Arrancarme los pelos de la cabeza a tirones? No me desanimo porque lo comprendo. Y tú tampoco debes echarte nada en cara. Lo has hecho lo mejor posible’.

Por supuesto, habrá un nuevo libro contando cómo se gestó la búsqueda y cómo la vivió Josefina. Hay cosas que deben saberse. ¿A quién le hace daño que una señora de 84 años cuya vida entera ha sido un calvario reciba un poco de cariño, ya sea de izquierdas o de derechas?

Sigue tu camino y no te obsesiones con el número de visitas. Da igual que te lean cien o 5.000′, me recomendó un amigo. Hoy puedo decir que a pesar de no tener financiación, medios humanos, promoción más allá de las redes sociales y que sólo publico un artículo cada cierto tiempo, El Informador ha generado más de 225.000 páginas vistas, aunque admito que puedo pasarme semanas sin revisar las estadísticas. No me obsesionan. Y no quiero que me condicionen demasiado. Si me guiara por ellas, jamás habría relatado la vida de Josefina. Me pasaría todo el día escribiendo únicamente de sucesos y bandas. Eso vende mucho más, se lo aseguro.

¿El secreto de El Informador? No hay secretos. Sólo periodismo. Mejor o peor, pero periodismo al fin y al cabo. Intento ser riguroso, aunque a menudo probablemente meta la pata, aséptico en las investigaciones y noticias, y cálido y sincero en los reportajes humanos. Apuesto siempre por temas propios y no sigo las agendas marcadas por terceros, aunque eso conlleve a veces pasar varios días sin publicar nada. Trato de crear vínculos con las personas que vayan más allá del puro interés periodístico. Me implico de corazón en cada historia. Y, muy importante, siempre me guardo varios ases en la manga por si acaso…

A mi juicio, para ser el primero en dar ciertas noticias a veces hay que renunciar a los adornos que magnifican la trascendencia del titular, engrandecen a quien firma y, sin embargo, aportan poco a lo que de verdad importa: la causa por la que uno escribe.

Este premio va por ti, papá. Espero que lo disfrutes allí donde estés. MANUEL CORERA

Este premio va por ti, papá. Espero que lo disfrutes allí donde estés. MANUEL CORERA

 

Ahora bien, algunos me critican por trabajar gratis, ¿pero me queda otra opción? O trabajo así o dejo el periodismo. Resulta sencillo hablar cuando uno tiene el pan más o menos asegurado.

Creo que fue Kundera quien afirmó que el hombre se marcha de casa para buscar y vuelve a casa para encontrar. Yo volví a casa para perder a mi padre. Pero por suerte, encontré y me encontré. Así que de corazón, muchísimas gracias. Seguiremos informando”.

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- GORKA MORENO, TEOBALDO 2013 AL MEJOR TRABAJO PERIODISTICO EN DEFENSA DE LOS VALORES Y LOS DERECHOS HUMANOS (14 DE OCTUBRE DE 2013)

 

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