Cargando...
Estás aqui:  Portada  >  Otro Mundo  >  Artículo

LA ÚLTIMA LECCIÓN DE JOSEFINA LAMBERTO (FIN)

Por   /   27 septiembre, 2013  /   Sin Comentarios

Ayer me reencontré con Josefina Lamberto. Quería comprobar si estaba bien y explicarle en persona el desenlace de la búsqueda de su padre, que ya le había relatado brevemente por teléfono desde el lugar donde se realizaron las prospecciones. Aunque una parte de mí siempre sentirá rabia por no haber conseguido que recupere los restos de Vicente, respiro más tranquilo. Como intuía, fue ella quien me consoló y no al revés: “Las cosas no pueden salir siempre como uno piensa, mi chico. Si no ha aparecido, no ha aparecido. Con todo lo que habéis trabajado… ¿Qué puedo hacer? ¿Arrancarme los pelos de la cabeza a tirones? No me desanimo porque lo comprendo. Y tú tampoco debes echarte nada en cara. Lo has hecho lo mejor posible. ¿Que tenía ilusión? Normal… Pero hoy, como siempre, me he levantado a las seis y media y he estado en la lavandería, en el París 365 y en San Juan de Dios”. Ahora, a escribir el libro…

Josefina Lamberto, única hermana viva de Maravillas. EL INFORMADOR

Josefina Lamberto, única hermana viva de Maravillas. EL INFORMADOR

 

He quedado a las seis y cuarto con Josefina en la puerta del Hospital San Juan de Dios. Miro el reloj. Me he adelantado cinco minutos. Ella aguarda fuera, con el voluntario del Comedor Solidario París 365 que permanece ingresado desde hace varias semanas, un par de jóvenes y un doctor. Me quedo mirándola desde la distancia. No quiero que nuestro reencuentro tenga lugar delante de otras personas. Es nuestro momento. Ella no me ve y vuelve a entrar al centro.

A sus 84 años, Josefina jamás se retrasa, pero hoy llega diez minutos más tarde. ¿Por qué? Porque está haciendo algo importante: acompañar a una persona que la necesita más que yo. Nos abrazamos con fuerza. Nos besamos.

–Mi chico, ¡qué guapo vienes con esos pantalones cortos con agujeritos! Claro, eso ahora es moderno, yo ya lo veo… ¿Llevas mucho tiempo esperándome?

–No, tranquila. Estaba fumando un cigarrillo.

Ella sonríe. Ni una lágrima. Un ligero atisbo de tristeza se cuela en su mirada, pero la veo muy entera. Y sobre todo, con ganas de seguir viviendo. Se disipan las dudas. Es ella la que está sanando mis heridas. O tal vez nos curemos el uno al otro.

Entonces se le ilumina el rostro. Poco antes de las cuatro de la tarde, la misma hora a la que le había anunciado el fin de la búsqueda de su padre el día anterior, ha conocido a una amiga mía de manera fortuita. Una mujer ejemplar que perdió a su marido y que ahora se entrega como voluntaria a quienes han vivido procesos de duelo similares al suyo al tiempo que cuida de su hijo. Yo no tenía ni idea.

Mi amiga me había enviado una fotografía de ambas, pero sin darme más detalles porque acto seguido tenía una reunión. Yo pensaba que, tal vez, habían coincidido anteriormente en algún acto solidario. Y que mi amiga ignoraba quién era Josefina hasta que leyó los reportajes de los últimos días sobre la única hermana viva de Maravillas Lamberto, la niña de Larraga de catorce años a la que asesinaron en 1936 junto a su padre, Vicente, tras violarla varias veces. Horas más tarde charlamos: “La magia existe y hoy lo he vuelto a comprobar”. Me hizo especial ilusión que pudiera sentir, aunque sólo fuera durante unos minutos, el efecto que mi heroína y confidente causa en quienes tienen la valentía de mostrarle su corazón con sinceridad. A Josefina se le veía entusiasmada.

–¿Sabes qué me ha ocurrido cuando venía hacia aquí? Estaba a la altura del Seminario cuando una chica ha parado su coche y se ha bajado. Se ha acercado a mí y me ha preguntado, con mucha educación, si era Josefina. Le he dicho que sí y hemos charlado un poquito sobre mí y sobre lo que ella ha vivido tras perder a su esposo. ¡Qué simpática y qué guapa! Al principio, he alucinado de que me reconociera sin haberme visto nunca antes. ¡Qué gracia me ha hecho!

–¡Qué fuerte! ¡Es que eres famosa! Y puedo asegurarte que tu historia ha emocionado a mucha gente.

–Bueno, vamos al lío. Tengo una deuda contigo y debemos que hacer cuentas. Escúchame. ¿Me escuchas?

–Síííí…

Nos montamos en mi coche. Enciendo el motor. Me derrumbo. Bajo la cabeza y vuelven las lágrimas.

–Estás triste, ¿verdad? No tienes por qué, mi chico. Si no ha salido, no ha salido. ¡Qué vamos a hacer! Con todo lo que habéis trabajado…

–Sólo queríamos darte una alegría…

–Ya lo sé, mi chico. Pero no es culpa tuya. Tú ahora tienes que escucharme a mí, que para eso soy mayor que tú. Yo voy a aportar algo también.

Josefina saca un billete de 20 euros de su monedero. Como voy conduciendo, aprovecha para dejármelo en un pliegue del pantalón.

Josefina saluda cariñosamente a una de las personas que han ayudado en la búsqueda. EL INFORMADOR

Josefina, durante la primera jornada de las prospecciones. EL INFORMADOR

 

–Para, para. ¿Qué haces? ¡Espera! Ahora hablamos. Guarda eso, que no lo puedo coger.

–No espero nada. ¿Cómo que no lo puedes coger? ¿Acaso has hecho voto de pobreza?

–Soy pobre, pero no he hecho ningún voto de pobreza. Anda, guarda el billete.

–Hay que repartir. No pienso cogerlo. No, no y no. Seguro que ayer compraste tú el almuerzo de los chicos…

Me desternillo. Adiós a la tristeza, la frustración, la impotencia y el desconsuelo. Una parte de mí continúa rabiosa por no haber hallado el cuerpo de Vicente Lamberto. Esa sensación no desaparecerá jamás, pero me doy cuenta de que soy un tipo afortunado por haber conocido a Josefina. Y de que tengo más motivos para sentirme feliz que desdichado.

Me dejo la grabadora encendida sin querer cuando paramos un momento en una gasolinera para comprar pan y el Diario de Noticias, donde mencionan a su hermana en una carta de opinión. Me gusta grabar nuestras conversaciones porque me ayudan a guardar cada palabra suya como un tesoro.

Ella tampoco se ha dado cuenta de que el aparato aún está en funcionamiento. Se queda en el coche. Al llegar a casa por la noche, compruebo que tras dejarla sola ha balbuceado unas palabras. Parecen un susurro, pero el mensaje es nítido. No hay trampas. Sé que me quiere… “Estás triste porque no ha aparecido mi padre. ¿Y qué vas a hacer, mi chico? No ha sido culpa tuya. Tú lo has hecho lo mejor que has podido. ¿Qué no ha salido? Pues ya está…”.

Cuando vuelvo al coche, hojeamos juntos el periódico en busca del artículo. No lo encuentro.

–¿Seguro que era el de hoy, Josefina?

–Sí, sí, lo he leído esta mañana en el París 365. Todos los días leo el diario, ya lo sabes.

–¡Ah, sí! Hay una referencia a ella muy pequeña en esta página.

Ella no me ha pedido ninguna explicación y tal vez no deba dársela, pero alguien me enseñó una vez que, ante la duda, hay que ir siempre con la verdad por delante. No soy quién para decidir lo que Josefina puede saber o lo que no.

–Ayer, a mediodía, terminamos de peinar los mil metros cuadrados que habíamos delimitado con las estacas que viste el primer día. Como te comenté, no hallamos raíces ni nada que nos llevara a pensar que había zonas sin remover. El arqueólogo de Aranzadi cree que o llevaron tierra de fuera cuando realizaron la concentración parcelaria de 1971 o echaron mucha tierra en la huerta de Juan Vizcar. Entonces pensamos en ampliar la zona de las prospecciones a la parcela de al lado para agotar todas las posibilidades… Eran unos 700 metros cuadrados más. Había un problema, ya que la excavadora se había alquilado para dos días –la Asociación de Familiares de Fusilados de Navarra asumía los costes–, no para tres. Y hoy un técnico tenía que volver para dejar las piezas como estaban.

–¿Y cuánto habéis pagado? ¿Mucho? Mírame. Quiero pagar. Quiero pagar.

–Bueno, pues cojo los 20 euros como aportación simbólica…

–Eso no es nada. La máquina vale dinero.

–Ya me encargaré de mirar todo bien y de hablarlo con quien corresponda. Pero quédate tranquila. Varias personas mostramos nuestra intención de aportar algo si hacía falta.

–Pero no es eso, Gorka. Yo quiero pagar. ¿Para qué trabajo yo en la lavandería de la Casa Misericordia? A mí el dinero que me dan –algo más de 90 euros al mes– no me hace ninguna falta. Es para gastarlo en cosas necesarias. Déjame que lo use y ayudar un poquito.

–Como sé que quieres agradecer todo el apoyo que has recibido, si te parece pensamos entre los dos un detalle para las personas que nos han ayudado. Eso es mejor que entregar dinero a nadie. A lo que íbamos. Así como en la primera finca había casi dos metros de profundidad en algunos puntos, en esta apenas había más de uno. De modo que la hipótesis de que movieron la tierra de arriba a abajo tiene bastante lógica. Estuvimos hasta las cuatro de la tarde, que fue cuando te llamé. Y casualmente, cuando sólo quedaban tres o cuatro metros por peinar, la excavadora se quedó sin gasoil.

Los pormenores de lo que sucedió a continuación en Iruñela, incluyendo cómo se han llevado a cabo hoy las labores de alisado de los terrenos para causar el menor perjuicio posible a los dueños de las fincas, los reservaré para el futuro libro, aunque Josefina ya los conoce. Puedo aseguraros que algunos de los gestos que he visto en las últimas horas han aliviado mi angustia. El alcalde del valle de Yerri, Luis Albéniz, me ha dejado boquiabierto.

–Eso no se paga con dinero. Cuesta mucho esfuerzo… Gasolina, almuerzos, comidas, herramientas…

–A todos les ha encantado echar una mano, Josefina. A Juan Frommknecht, a Joseba Eceolaza, a Koldo Pla, a Josetxo Arbizu, a Luis Albéniz, a los testigos y sus familiares, a los técnicos de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, a los dueños de las parcelas, a Eduardo Sanz, a Iñigo… Tu historia les ha llegado al corazón.

–Sí, pero todo eso lo han hecho por mí. Y me gustaría tener un gesto con ellos. Así que lo pensamos y tú me ayudas.

–Me parece perfecto. Y que sepas que ayer, como el martes, había personas de tendencias ideológicas muy distintas en Iruñela. Aparecen en las fotografías que hemos hecho estos días y no se han escondido. Han sido valientes. Todos compartimos la ilusión de la búsqueda y la decepción posterior. A mí eso es lo que más me ha conmovido. Como las llamadas de algunos dirigentes de distintos partidos, que nos han felicitado por unirnos ante un tema como el tuyo y nos han dicho que se ha dado un paso importante para el futuro.

–Claro, han dado la cara. Lo comprendo perfectamente. Eso tiene un gran valor…

–Ayer, cuando me trasladaban esos mensajes de apoyo, les entendía. Pero al mismo tiempo me daba una pena terrible porque lo que de verdad importaba era que tú recuperaras a tu padre.

–Mi chico, todo lo que me cuentas es muy bonito.

Joseba Eceolaza y Josefina Lamberto, en Iruñela. EL INFORMADOR

Joseba Eceolaza y Josefina Lamberto, en Iruñela. EL INFORMADOR

 

Al aparcar el coche en la Casa Misericordia, decidimos sentarnos en uno de los bancos del jardín. Queremos aprovechar ese calor veraniego que pronto se esfumará.

– También me apuré porque, al no verte la cara cuando te comuniqué la noticia, tenía miedo de que te vinieras abajo.

–Han pasado muchos años… Y las cosas no pueden salir siempre como uno piensa. El sufrimiento me ha cocido bien.

–¿De verdad que no te quedaste mal?

–¿Qué puedo hacer? ¿Arrancarme los pelos de la cabeza a tirones? No me desanimo porque lo comprendo. Y tú tampoco debes echarte nada en cara. ¿Que tenía ilusión por tener a mi padre? Normal… Pero hay muchos que, como yo, no han encontrado a sus familiares todavía. Seguiré haciendo las mismas cosas que antes. Hoy me he levantado a las seis y media como siempre. He ido a la lavandería, al París 365, a San Juan de Dios…

–Yo pensaba que por pura justicia tenía que aparecer…

–Mira, cuando veía que pasaban las horas y no me llamabas supe que no había nada que hacer. No pasa nada, mi chico. Nadie nos los va a devolver vivos, así que… Mi hermana Pilar, que en paz descanse, habría gozado con esto. Siempre quiso buscar a Maravillas y a mi padre.

–De hecho, estuvo con José María Jimeno Jurío en la zona en 1978. Me queda la duda de por qué no intentaron encontrarlo entonces, teniendo en cuenta que muchos de los testigos y hasta el enterrador vivían…

–Habrá que aceptar lo que hay. Es ley de vida.

–Para mí eres como una abuela… Ayer, cuando hablaba contigo, estaba al lado de la carretera contemplando desde lo alto toda la superficie que habíamos rastreado, que era mucho más extensa que la antigua huerta de Juan Vizcar.

–Oye, abuela no, que yo estoy muy bien aún… A lo mejor, después de tanto excavar, estaba en un sitio cercano. ¡Quién sabe!

–Ya, pero como decía Joseba Eceolaza emocionado y con toda la razón, llega un momento en el que no puedes seguir moviendo tierra sin parar porque no terminarías nunca.

–Es que no vas a levantar el campo entero, mi chico…

La charla se alarga otra media hora más. Por primera vez, Josefina me confiesa que poco antes de ordenarse monja tuvo un pretendiente. Jamás me lo había contado. Pero tampoco le da mayor importancia. Ella contaba entonces unos veinte años. El mozo era amigo del primer marido de su hermana Pilar.

–Vivía en Pamplona. Era un chico majo. Pero yo quería hacer el bien, que los niños no tuvieran que pasar por lo mismo que yo, ayudar a la gente necesitada… Sin embargo, las monjas me trataron como a una esclava durante más de cuarenta años. Eso me hizo mucho más daño que lo de mi padre y mi hermana. A mí lo que más me duele son los desprecios de las personas. He encontrado en ti a un gran amigo. Y aquí me tienes para ayudarte en lo que pueda. Siempre te recordaré. Y adelante con el libro. Pero tenemos una deuda que saldar. Hazme caso, mi chico, que soy mayor que tú.

Antes de marcharme devoramos unas aceitunas rellenas en la cafetería. Es un ritual que hemos institucionalizado. Nada parece haber cambiado. Sé que Josefina y yo seguiremos dándonos cariño. Y al fin, tras veinticuatro horas de oscuridad, comprendo por qué no hallamos a Vicente: porque Josefina ha venido a este mundo para dar ejemplo a los demás hasta que se despida de nosotros, aunque ni siquiera ella sea consciente.

El INICIO DE LA BÚSQUEDA DE VICENTE

SIN RASTRO DE VICENTE

NOTICIAS RELACIONADAS

- MARAVILLAS, VIOLADA Y ASESINADA JUNTO A SU PADRE EN 1936, TENDRÁ SU PROPIA CALLE EN LARRAGA (1ª PARTE / 28 DE MARZO DE 2012)

- JOSEFINA LAMBERTO YOLDI, HERMANA DE MARAVILLAS: MUERTE, DOLOR Y MARGINACIÓN EN VIDA DESDE 1936 (2ª PARTE / 29 DE MARZO DE 2012)

- JOSEFINA LAMBERTO YOLDI, HERMANA DE MARAVILLAS: DECEPCIÓN, SOLEDAD Y RESIGNACIÓN (3ª Y ¿ÚLTIMA PARTE? / 1 DE ABRIL DE 2012)

- Y EL CIELO LLORÓ EN LARRAGA AL RECORDAR A LA PEQUEÑA MARAVILLAS… (4ª PARTE / 28 ABRIL DE 2012)

- 1936-2012: EL VIAJE DE ‘UNIDOS POR LA VERDAD (15 DE DICIEMBRE DE 2012)

- TÉCNICOS DE ARANZADI BUSCAN AL PADRE DE JOSEFINA Y MARAVILLAS LAMBERTO EN UN TERRENO DE IRUÑELA (25 DE SEPTIEMBRE 2013)

- VICENTE, GRACIAS POR HACERNOS SOÑAR CON TU REGRESO A CASA (26 DE SEPTIEMBRE DE 2013)

AVISO LEGAL: Las imágenes que ilustran este reportaje y el texto pertenecen a El Informador. Nos reservamos el derecho de emprender acciones legales contra quienes utilicen el material sin nuestro consentimiento.

    Imprimir       Email

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*


× cinco = 45

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Acepto la claúsula de protección de datos

También te puede interesar...

Con los protagonistas de 'Unidos por la verdad 1936-2012'. GORKA MORENO

“DEL COPYRIGHT YA HABLAREMOS”

Leer más →