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EL TESTIMONIO DE UN TESTIGO PROTEGIDO LLEVA A JORGE OLAIZ A PRISIÓN POR EL CASO DE RUIZ LANGARICA

Por   /   12 febrero, 2015  /   Sin Comentarios

Tras archivar la causa en 2002, la Audiencia Nacional ha decretado el ingreso en la cárcel del etarra Jorge Olaiz, al que la Fiscalía acusa de intento de asesinato. Según ha sabido este medio, entre ayer y hoy el juez ha tomado declaración al propio Olaiz; a Ruiz Langarica; a los agentes que arrestaron a Iñaki Beaumont, el único condenado por estos hechos; a los efectivos que dirigen las pesquisas; y a un testigo protegido. Esta persona, cuya identidad no desvelará El Informador, corroboró ayer lo que ya dijera en sede policial: que vio a Olaiz junto a Beaumont el 24 de noviembre de 2000 en el portal donde residía el exconcejal de UPN en Pamplona. Eso sí, nadie ha aclarado por qué no había comparecido hasta ahora. El caso queda pendiente de juicio.

NOTA EDITORIAL: En El Informador estábamos al corriente de la existencia de este testigo protegido desde hacía semanas. Precisamente, nuestro conflicto con mandos de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado se originó a raíz de que les comunicáramos los numerosos datos que habíamos recabado sobre él. Sabíamos que su testimonio sería clave para determinar si Olaiz participó en el intento de asesinato de Miguel Ángel Ruiz Langarica. Porque nuestras fuentes ya nos habían dicho que, en dependencias policiales, esta persona aseguró haber visto al etarra en el domicilio del exconcejal de UPN junto a Iñaki Beaumont. Además, no queríamos entorpecer la labor de los investigadores ni ponerle en peligro. Fue entonces cuando dichos mandos apelaron a nuestra “responsabilidad” y nos pidieron que no publicáramos nada hasta que el caso se esclareciera. Y accedimos a cambio de que nos garantizaran la primicia. Luego llegó nuestra nota editorial, en la que denunciamos el incumplimiento de ese pacto verbal. Estos días, hemos aprovechado para analizar nuevamente toda la información recopilada sobre la persona que ha dado un vuelco a la investigación. Y hemos guardado silencio hasta que Sortu se ha referido a ella públicamente. Nadie podrá echarnos en cara que hayamos actuado de forma temeraria. A nuestro juicio, la irrupción de este testigo en la causa pone de manifiesto las lagunas del trabajo desarrollado en su día por los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado y por la propia Audiencia Nacional. Pero no podemos incluir todos los detalles referentes a esta persona porque quedaría completamente expuesta. Y eso no nos parece justo. De modo que, muy a nuestro pesar, no difundiremos algunos matices que nos parecen fundamentales para comprender el caso en toda su dimensión.

El testimonio de un testigo protegido ha resultado crucial para que el titular del Juzgado de Instrucción número 2 de la Audiencia Nacional, Ismael Moreno, haya decretado este jueves el ingreso en prisión del etarra Jorge Olaiz como presunto autor del intento de asesinato de Miguel Ángel Ruiz Langarica, ocurrido en 2000. Como ya señaló El Informador la semana pasada, la Audiencia Nacional decidió reabrir la causa después de que el Cuerpo Nacional de Policía y la Guardia Civil aportaran nuevas evidencias sobre la supuesta participación de Olaiz en los hechos.

Ayer, el magistrado tomó declaración al exconcejal de UPN en Pamplona; a los agentes que, gracias al aviso de un ciudadano anónimo, arrestaron a Iñaki Beaumont, el único condenado hasta la fecha; al testigo protegido; y a los agentes de la Guardia Civil y el Cuerpo Nacional de Policía que están colaborando en las pesquisas. Hoy ha hecho lo propio con Olaiz, de quien ha valorado “positivamente” su comparecencia “voluntaria”.

Según ha sabido este medio, el testigo afirmó recientemente en sede policial “que había visto a Olaiz con Beaumont” el día del fallido atentado en el portal del bloque donde residía el exedil. Y ayer confirmó su versión ante el juez “sin ningún género de dudas”. Ésa era la baza que se guardaban los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado para incriminar al etarra, que fue homenajeado por representantes de la izquierda abertzale tras abandonar la cárcel el año pasado.

Ante el secretismo instaurado en torno al testigo, cuya identidad se ha ocultado “a todas las partes”, algunos dirigentes de Sortu han salido a la palestra esta semana para denunciar “la fabricación de acusaciones y pruebas”. Pero si algún día trasciende quién es esta persona, muchos se preguntarán cómo la Audiencia Nacional y los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado no solicitaron antes su comparecencia.

Tras la detención de Olaiz en 2001, la Audiencia Nacional sobreseyó la causa contra él un año más tarde por falta pruebas. De poco sirvió entonces que, en las pertinentes declaraciones policiales, Beaumont le incriminara, que él mismo reconociera su implicación y que varias personas más admitieran que le habían cobijado tras su huida. Sí se le condenó en 2005 a doce años y medio de prisión por pertenencia a banda armada, tenencia ilícita de armas con fines terroristas y falsedad documental continuada. Ahora, sin embargo, el juez considera en su auto que existen motivos “suficientes” para creer que Olaiz presuntamente participó en el intento de asesinato. Pero eso deberá corroborarse en un juicio.

EL INTENTO DE ASESINATO

Según las diligencias instruidas por el Cuerpo Nacional de Policía, el 24 de noviembre de 2000, en torno a las 9:10 horas, Beaumont y Olaiz se apostaron junto al portal del bloque donde residía Ruiz Langarica, situado en la plaza Virgen de las Nieves de la capital navarra. Un ciudadano anónimo alertó a una patrulla del Cuerpo Nacional de Policía porque creía que los dos jóvenes, de 24 y 22 años entonces, estaban tramando algo sospechoso.

“Ignorando que pertenecían a ETA”, los agentes quisieron identificar a Beaumont y a Olaiz, que integraban el comando Amaiur, dirigido por el histórico Francisco Javier García Gaztelu, alias ‘Txapote’. Pero el primero “desenfundó una nueve milímetros y amenazó a los policías”, que consiguieron reducirlo. Fue en ese instante cuando su acompañante aprovechó el desconcierto para huir.

Oficialmente, las autoridades apuntaron que el arresto de Beaumont fue posible gracias a varios efectivos que formaban parte de la ‘Operación Escudo’ para prevenir atentados contra políticos, jueces y fiscales. Pero dichas fuentes insistieron en que “nunca se hubiera efectuado sin la colaboración ciudadana”.

LA RELACIÓN DE OLAIZ Y ‘THIERRY’

Tras el fallido atentado, Olaiz permaneció escondido varias semanas en Pamplona y, posteriormente, se fugó a Francia, donde fue recibido por Francisco Javier López Peña, alias ‘Thierry’, el jefe militar de ETA que dinamitó la tregua en 2006 y decidió perpetrar el atentado de la T-4.

De hecho, la Guardia Civil grabó un vídeo del primer encuentro de ambos en 2001. Las imágenes, tomadas en una localidad gala cercana a la frontera española, fueron empleadas en 2012 por Informe Semanal para su reportaje Así se hizo: la derrota de ETA. Teniendo en cuenta que en él hablan altos mandos de la lucha antiterrorista, resulta llamativo que algunos de los datos mencionados sobre Olaiz fueran erróneos.

En primer lugar, Informe Semanal lo identificó como Gorka Olaiz, no como Jorge, el nombre que los medios de comunicación le habían dado tras el intento de asesinato de Ruiz Langarica. Ahora bien, este detalle puede parecer anecdótico, ya que Gorka significa ‘Jorge’ en euskera.

Pero no es lógico que lo definieran como “un joven recién integrado en ETA”. Porque ya formaba parte del comando Amaiur cuando se grabó el vídeo, pesaba una orden de búsqueda y captura contra él por su presunta implicación en el infructuoso atentado contra Ruiz Langarica y estaba protegido por quien fuera el mismísimo jefe del aparato militar de la banda hasta su detención en 2008.

“Gorka Olaiz llega con las pertenencias a cuestas. Es el momento de incluirle en la reserva de comandos. A los siete meses, fue detenido tras volver a España para cometer atentados”, señaló el locutor de Informe Semanal.

El 26 de noviembre de 2001, agentes de la Guardia Civil lo arrestaron en el barrio pamplonés de San Jorge, durante una operación que sirvió para desarticular el comando de ‘liberados’ Kroma. Desde el Ministerio del Interior divulgaron que se le había identificado en un control rutinario, pero las fuentes con las que ha contactado El Informador subrayaron que “efectivos de la Unidad Central Especial número 1 del Instituto Armado viajaron de incógnito en el mismo autobús que utilizó Olaiz para volver a Navarra junto al también etarra Iñigo Vallejo”.

Cuando llegaron a la estación de autobuses de Pamplona, varios agentes siguieron a ambos hasta el número 3 de la calle Doctor Galán, donde intentaron identificarlos. En ese instante, uno de los terroristas empuñó una pistola y comenzó a disparar. Huyeron a la carrera, mientras cinco efectivos los perseguían. Segundos más tarde, junto al campo de fútbol del barrio, donde entrenaban unos treinta jóvenes, se produjo un nuevo tiroteo sin heridos y Olaiz fue detenido.

Pistola en mano, Vallejo se dio a la fuga tras robar un Peugeot 205 blanco y mantener como rehén a su propietaria durante unos veinte kilómetros. Al llegar a la localidad de Etxarren, el terrorista se bajó el coche y continuó la huida a pie. La mujer, por su parte, fue liberada en perfecto estado. La Guardia Civil estableció un dispositivo de búsqueda en todo el valle de la Barranca, pero Vallejo se esfumó.

Al referirse a su arresto, los medios de comunicación dieron por sentado que Olaiz había participado en el intento de asesinato de Ruiz Langarica. Un año más tarde, el titular de la Sección Segunda de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional condenó a Beaumont a ocho años de prisión por pertenencia a banda armada, a tres por tenencia ilícita de armas y a quince por el intento de asesinato del exconcejal.

El magistrado indicó en la sentencia que Beaumont pretendía “privar de la vida” a Ruiz Langarica y que el comando había recibido directrices en Francia para realizar seguimientos y labores de vigilancia a concejales y parlamentarios de UPN y el PSN. Pero a petición de la Fiscalía, Olaiz no fue juzgado por estos hechos. Al parecer, la acusación particular “no estaba personada” porque no se le avisó del inicio del proceso.

Ya en 2005, Olaiz fue imputado por los delitos de pertenencia a banda armada, tenencia ilícita de armas “con fines terroristas” -portaba una pistola y munición cuando lo interceptaron- y falsedad documental continuada -llevaba un carné falso de la Ertzaintza, otro de prensa de El País y un DNI-. Y se le condenó a un total de doce años y medio de cárcel. A los otros cinco imputados junto a él -Leire Marquina ReyAitor Sola Esteban, Pedro Ruiz Bastera, Aritz Galilea Cía y Mikel Uzkudun Lizaur-, el juez les impuso una pena de dos años de prisión por colaboración con banda armada.

Resulta llamativo que, para respaldar sus tesis, el juez Ismael Moreno haga referencia ahora en su auto a la sentencia dictada hace diez años contra Olaiz y quienes le ayudaron a esconderse. En el fallo, se relataba cómo el etarra recibió ayuda de varios colaboradores para ocultarse el 24 de noviembre de 2000. Y, sin embargo, no se citaba los hechos ocurridos unas horas antes, ni había referencias expresas a Beaumont y Ruiz Langarica. Únicamente se hablaba de lo ocurrido a partir del instante en que Olaiz buscó el apoyo de terceras personas. ¿Tendrá algo que ver el hecho de que las diligencias de Beaumont fueron instruidas por el Cuerpo Nacional de Policía y las de Olaiz, por la Guardia Civil? ¿Por qué, al menos aparentemente, no se cruzaron entonces los datos de ambas investigaciones?  ¿Por qué ahora sí están colaborando ambos Cuerpos?

Por su parte, Vallejo sería detenido en las inmediaciones de Pau (Francia) el 9 de diciembre de 2003, cuando se le consideraba el número dos del aparato militar. Nacido el 21 de mayo de 1976 en la localidad vizcaína de Basauri, se había fugado a territorio galo en junio de 2000, tras ser condenado por la Audiencia Nacional a diecisiete años de prisión. Volvió a España con Olaiz y eludió su arresto en varias ocasiones antes de afincarse de nuevo en Francia y ser capturado. Reclamado por la Audiencia Nacional, agentes del Cuerpo Nacional de Policía adscritos a Interpol lo trasladaron a España en 2013.

EL INGRESO EN ETA DE OLAIZ Y BEAUMONT

En sus dos declaraciones ante agentes del Cuerpo Nacional de Policía, incluidas en las diligencias que fueron remitidas a la Audiencia Nacional, Beaumont reconoció que él y Olaiz integraban el comando Amaiur y que pretendían atentar contra el exedil regionalista.

El único condenado por el caso de Ruiz Langarica explicó que, en el año 2000, apareció una nota firmada por ETA sobre su mesa de trabajo en la organización Haika. En ella, se le instaba a acudir a la ciudad de Dax, al sur de Francia. Siempre según esas manifestaciones, allí se encontró con una persona “liberada” de la banda, que le propuso entrar en la organización y formar un ‘talde’ para recabar información sobre representantes de UPN y el PSN. Aceptó la oferta.

A raíz de este primer acercamiento, Beaumont quedó con Olaiz “en una bajera de la calle del Carmen”, propiedad de Haika y Gestoras Pro-Amnistía. Dieron un paseo “por la zona del Redín y del Caballo Blanco para mayor seguridad”. Entonces, Beaumont animó a su amigo a que ingresara en ETA para crear un ‘talde’ con él. Se conocían desde hacía cuatro años, ya que Olaiz también era miembro de Haika y había pertenecido “a Jarrai”. Éste se sumó a la causa.

Comenzaron a “organizar su infraestructura, a localizar alguna bajera o piso, posibles coches e informaciones sobre diferentes objetivos…”. Beaumont comunicó a Olaiz que, más adelante, deberían acudir a una cita con otro etarra en Dax y que se reunirían “dos veces por semana”, bien en casa de Beaumont “o en la peña de la que era socio Olaiz”.

Ambos iniciaron las labores de vigilancia y seguimiento a líderes, ediles y parlamentarios de UPN y el PSN como “Yolanda BarcinaEradio EzpeletaIgnacio PoloRoberto JiménezJavier Morrás o María Kutz”, además de realizar “fotocopias” de artículos de prensa en los que aparecían posibles objetivos. También vigilaron el Ayuntamiento de Pamplona para “controlar los horarios, entradas y salidas” de los concejales, así como “el número de guardaespaldas que llevaba cada uno y los vehículos” que usaban.

“Esta actividad la realizan de forma separada (…). Toda la información la almacenan en un fichero que Iñaki esconde en una bajera de su tío, en la calle Curia”, precisan las diligencias.

El primer sábado de octubre de 2000, Beaumont y Olaiz viajaron a Francia en el Ford Fiesta “de una tía de Jorge”: “Para proporcionarse una cobertura en caso de ser interceptados por la Policía, introdujeron en el vehículo una tienda de campaña y otros objetos de monte (…). Una vez llegaron a Dax, aparcaron lejos el coche y acudieron al lugar de la cita, a la hora prevista, donde enseguida les entró la misma persona que había contactado con Iñaki la primera vez”.

Durante aquella conversación, los dos terroristas explicaron a su contacto que “habían centrado su atención” en Ruiz Langarica, ya que “carecía de escolta” y trabajaba “en la misma fábrica que Olaiz, ubicada en la localidad de Ororbia”. De ahí que les pareciera “el objetivo más fácil”:

“Este miembro de ETA pregunta a Iñaki y a Jorge si esta primera acción la harían con explosivos o con armas, a lo que ambos le manifestaron su preferencia por las armas”. Fue entonces cuando les emplazó a un nuevo encuentro en el Consistorio de San Juan de Luz, que se celebraría tres semanas después, para realizar “un cursillo con armas de fuego”.

Beaumont y Olaiz acudieron “en la furgoneta de Jorge”. Nuevamente, se personó el mismo “liberado” que en anteriores ocasiones. Mientras perfilaban su “primera acción”, esperaron a las “dos personas” que debían recogerlos y conducirlos, en una segunda furgoneta, al lugar donde les enseñarían a manejar “dos pistolas y un subfusil”.

“Les introducen en una casa, hasta un cuarto, con los ojos cerrados. Desde el viernes hasta el domingo, las mismas personas les imparten el cursillo (…). En la casa, realizaban todo tipo de prácticas sin disparar. Y la noche del sábado al domingo, les trasladan al monte, donde efectúan prácticas de tiro, llegando a disparar unos cien cartuchos”.

Al día siguiente, los llevaron de nuevo a San Juan de Luz y, tras entregar a Olaiz las llaves de su furgoneta, les anunciaron que sus dos pistolas, una Browning y una Sig-Sauer, estaban escondidas “en el interior del vehículo”, concretamente “en la puerta del conductor”.

Beaumont y Olaiz viajaron a Pamplona y dejaron su vehículo en un aparcamiento del barrio de la Rochapea. “Como estaba oscuro, sacaron las pistolas” y las introdujeron “en la mochila de Iñaki”. Después, fueron a la bajera de la calle Curia que pertenecía al tío de Beaumont. Y allí guardaron las armas. Veinticuatro horas más tarde, Beaumont recogió las pistolas, dejó la suya en casa y entregó la otra a Olaiz. Cada uno se quedó dos cajas de munición.

En sus declaraciones, Beaumont explicó con todo lujo de detalles los últimos preparativos previos al intento de asesinato. Como tenían controlados el domicilio y los dos vehículos del exconcejal -un Panda rojo que usaba para ir al trabajo y aparcaba en la calle, así como un Passat gris “que acostumbraba a estacionar en un parking subterráneo de las inmediaciones”-, fijaron como fecha para la acción el 24 de noviembre.

Quedaron a las 9:10 de la mañana cerca del bloque donde residía Ruiz Langarica y acordaron que Olaiz efectuaría los disparos sobre el exconcejal, mientras que Beaumont le prestaría “cobertura”. Tras cometer el asesinato, pretendían abandonar la zona “por un túnel” hasta el lugar donde Beaumont había aparcado el coche de su madre la noche anterior. De ahí marcharían por la variante hacia el barrio de Iturrama, “donde Jorge también había estacionado” su vehículo. Olaiz “se haría cargo de las armas” y huiría por sus propios medios. Beaumont, por su parte, “iría a la sede de Haika para seguir con su actividad de representante de esta organización” y gozar de una “coartada”.

Los dos acudieron a casa de Ruiz Langarica. Según Beaumont, Olaiz se escapó cuando llegaron los efectivos policiales. Añadió que “la motivación” del crimen entraba “dentro de la estrategia de ETA”; que Ruiz Langarica era una persona “de entre 55 y 60 años, pequeño, de pelo negro y con gafas”; y describió a la perfección al fugitivo, “un joven de unos 22 años, un metro y setenta y cinco centímetros de estatura, delgado, de pelo corto y moreno y ojos azules”. En un reconocimiento fotográfico, Beaumont se refirió al sujeto que figuraba en la imagen número cuatro “como Jorge Olaiz, su compañero de comando armado” en ETA.

OLAIZ RECONOCIÓ LOS HECHOS

En 2001, tras su arresto, Olaiz confirmó a la Guardia Civil la información facilitada por Beaumont. Incluso aportó algunos datos desconocidos hasta entonces. Primero, gracias a varias imágenes reconoció al “liberado” de la banda que los recibió inicialmente, Zorion Zamacola Ibaibarriaga. Y dijo que, en la segunda cita, apareció también una persona a la que, tras un reconocimiento fotográfico, identificó como ‘Txapote’. Por su parte, los individuos que les impartieron el curso se llamaban “Peio y Jokin”.

Cuando le interrogaron sobre las “acciones terroristas” en las que había participado, Olaiz admitió su implicación en el intento de asesinato de Ruiz Langarica. Además de conocerle por haber trabajado con él en la misma fábrica, aseguró que, en “tres o cuatro” ocasiones, había verificado los datos sobre el objetivo “a la salida de su domicilio”.

El etarra corroboró que él era “el encargado de ejecutar la acción”. Y expuso que, tras el arresto de su compañero, se marchó en busca de Leire Marquina, condenada a dos años de prisión por colaboración con banda armada en el mismo proceso que Olaiz. Por el camino, arrojó el arma y los dos cargadores al río Arga, a la altura del instituto de la Biurdana.

En concreto, se presentó en el trabajo de Marquina y se escondió “en una salita oculta al resto del personal”. Él se levantó el jersey, pero ella “no percibió nada especial”. Acto seguido, se trasladaron a casa de ésta, ubicada en la calle Monasterio de Irache.

Sin embargo, Marquina alegó que sólo pretendía “ofrecer ayuda a un amigo” y que, en ese instante, ignoraba su relación con la organización terrorista: “Con posterioridad, fue consciente de que pertenecía a ETA y de que había intentado matar a una persona (…). Una vez abierta la puerta -del portal-, suben al domicilio de la manifestante y ésta pregunta a Olaiz, al verlo nervioso, a ver qué le sucede. Entonces, -él- se vuelve a levantar el jersey y le muestra una pistola que porta en la cintura. Posteriormente, Jorge Olaiz le dice que se enterará de lo que ha ocurrido por la televisión y que ha recurrido a ella porque (…) no tiene adónde ir y necesita que alguien le acoja”. ¿En qué quedamos entonces? ¿Lanzó Olaiz el arma al Arga o la llevaba consigo?

Aunque no se centraba en el intento de asesinato del exconcejal, la sentencia de la Audiencia Nacional por la que se condenó a Olaiz a doce años y medio de cárcel también arroja algo de luz al caso de Ruiz Langarica. El magistrado consideró “como hechos probados” las palabras de Marquina y cómo ésta relató al también procesado Aitor Sola que Olaiz le había pedido ayuda.

“Ante la insistencia de la madre de Leire Marquina para que sacaran de allí a Olaiz, pues su hija le había confirmado que se trataba de una persona que buscaba la Policía por su pertenencia a ETA, los tres decidieron que el fugitivo se ocultase en el trastero de la vivienda”, matiza el fallo. Olaiz les indicó “a qué personas tenían que dirigirse para recabar ayuda y esconderle con mayor seguridad”.

Al día siguiente, Aitor Sola contactó con los condenados Pedro Ruiz Bastera y Aritz Galilea Cía para que se encargaran de Olaiz. Lo escondieron en el piso de Galilea, ubicado en la calle Monasterio Viejo de San Pedro, donde permaneció hasta el 5 de diciembre de 2000. Galilea, entre tanto, se mudó “a casa de sus padres”. Antes de marcharse a Francia y ser recibido por ‘Thierry’, Olaiz aún usó una tercera vivienda para sortear a la Guardia Civil: la de Leire Saralegui Alvira.

“Todos los citados eran conocedores (…) de que iba armado con una pistola y de que era buscado por las fuerzas de seguridad por atentar como miembro de ETA contra varias personas”, ratifica la sentencia. Eso sí, en el fallo no se menciona el nombre de Ruiz Langarica.

Para refrescar la memoria de nuestros lectores, volveremos a plantear los mismos interrogantes que la semana pasada, aunque añadiremos los referentes al testigo protegido que obviamos hace unos días. ¿Por qué esa persona que ayer declaró en la Audiencia Nacional no había comparecido ante un juez en quince años? ¿Por qué el Cuerpo Nacional de Policía y la Guardia Civil han aunado esfuerzos ahora? ¿Por qué en la sentencia contra Olaiz, dictada en 2005, no se citó expresamente el caso de Ruiz Langarica, pero sí se relata cómo fue su huida para argumentar su pertenencia a ETA? ¿Por qué las fuerzas de seguridad tardaron siete meses en detener a Olaiz, si dieron con su paradero en cuanto pasó a Francia? ¿Por qué no arrestaron a ‘Thierry’ hasta 2008, si ya en 2001 lo tenían localizado, como refleja el vídeo emitido por Informe Semanal? Si lo hubieran detenido antes, ¿se habrían evitado las muertes del atentado de la T-4, ordenado por él? Teniendo en cuenta el rol que ‘Thierry’ ejerció dentro de ETA para dinamitar la tregua en 2006, ¿cómo es posible que entre 2001 y 2008 actuara con tanta libertad?

DOCUMENTOS CONSULTADOS

- Diligencias nº 19.720, de 24 de noviembre de 2000, instruidas por la Brigada Provincial de Información de la Jefatura Superior de Policía de Navarra con motivo de la detención de Iñaki Beaumont, que fueron entregadas al Juzgado Central de Instrucción número 2 de la Audiencia Nacional (diligencias previas nº 327/2000).

- Sentencia nº 60/2002, de 12 de diciembre de 2002, de la Sección Segunda de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, relativa al sumario nº 27/2000, instruido por el Juzgado Central de Instrucción número 2 de la Audiencia Nacional (rollo de la sala 38/2000) con motivo del intento de asesinato de Ruiz Langarica.

- Diligencias nº 2.774/2001, de 26 de noviembre de 2001, instruidas por la IXª Zona de la Guardia Civil con motivo de la detención de Jorge Olaiz en Pamplona, que fueron entregadas en el Juzgado Central de Instrucción número 1 de la Audiencia Nacional (diligencias previas 429/2001).

- Sentencia nº 76/2005, de 16 de noviembre de 2005, de la Sección Primera de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, relativa al sumario nº 6/02 (rollo de la sala nº 7/02) del Juzgado de Instrucción número 1, instruido tras la detención de Jorge Olaiz.

- Acta de declaración de Miguel Ángel Ruiz Langarica, efectuada ante el titular del Juzgado de Instrucción número 2 de Pamplona el 8 de enero de 2001.

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