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El Informador

La verdad duele, incomoda, agrieta los pilares sobre los que se sustentan las creencias y valores en los que nos hemos educado. Todos soñamos con un mundo donde impere la paz, pero a la hora de la verdad optamos por no escarbar para no alimentar nuestra inquietud. Mejor reír que llorar, conservar que arriesgar. Por desgracia, sólo cuando uno conoce el llanto más aciago y lo hace suyo puede sentir la importancia de una sonrisa sincera; sólo cuando uno vuelve a empezar de cero tantas veces como sea necesario hasta encontrar su destino puede apreciar realmente lo que siempre estuvo ahí, pero jamás valoró porque creyó tenerlo garantizado hasta el fin de sus días; sólo cuando uno se enfrenta a la vida cara a cara puede amarla por todo lo que es, con sus luces y sus sombras.

Sin un poco de verdad, jamás recobraremos la esperanza. Podemos mirar hacia otro lado todo el tiempo que queramos, pero tan sólo agrandaremos la magnitud de la crisis que nos carcome. Y no únicamente a nivel económico, sino en todos los ámbitos de nuestra sociedad. En el fondo lo sabemos, aunque tratamos de sobrevivir pensando lo menos posible. Nos resulta más fácil, más cómodo y, sobre todo, más saludable. Pero sólo la comprensión de la realidad pasada y presente, por muy amarga que sea, puede ayudarnos a reconstruir nuestro mundo. Tenemos la obligación moral de actuar no sólo por nosotros, sino principalmente por los que vendrán. Entre todos, con humildad, sin exclusiones, con espíritu solidario. Eso sí, para lograrlo hay que remangarse los pantalones, meterse en el barro y aprender a convivir con el miedo. En El Informador estamos dispuestos a asumir los riesgos, el desgaste y las presiones que implica dar ese paso.

Aunque algunos no lo crean, los periodistas vocacionales, en nuestros años de facultad, sentíamos la necesidad de aproximarnos lo más posible a la verdad. Y cuando llegó la madurez, muchos nos rendimos, hartos de golpearnos constantemente contra un muro. ¿Pero acaso no hay causas por las que merece la pena apostarlo todo más allá de lo puramente material? Si no somos capaces de encontrar algo más dentro de nosotros, estaremos perdidos.

En El Informador actuaremos con toda la libertad que podamos cargar a nuestras espaldas. Aunque se trate de un valor que ha inspirado a cientos de generaciones, la libertad no es un chollo, más bien lo contrario. Nos obliga a vivir permanentemente en pugna con el mundo y con nosotros mismos. Nos guste o no, el camino es largo, solitario, poco agradecido y está lleno de trampas.

Posiblemente, la situación más dura a la que se enfrenta un periodista se produce cuando analiza si mostrar toda la dimensión de un problema puede resultar beneficioso o no para enderezarlo. Claro, eso sí sus intenciones son buenas y, en verdad, su silencio no conlleva cierta complicidad con quienes quieren fomentarlo. En este medio trabajamos para tender puentes entre las partes implicadas, pero no siempre lo conseguimos. Ahora bien, os garantizamos que nuestra intención es aportar soluciones, aunque a menudo nos encontremos con algunas puertas cerradas.

Nosotros apostamos por investigar a fondo temas que normalmente no aparecen en los medios de comunicación. A veces nos llegan, a veces surgen, pero no los buscamos con extraños fines. De ahí que, en aquellas parcelas donde podamos aportar algo de luz, lo intentaremos. Muchos nos pedirán que cubramos otras áreas, pero sólo podemos responderles una cosa: nos dejaremos la piel en todas aquellas informaciones que obtengamos y podamos corroborar debidamente. Uno no siempre encuentra lo que busca, ni en la vida ni en el periodismo. Muy a nuestro pesar, no tenemos una varita mágica para acceder a los grandes secretos que a todos nos gustaría conocer.

En cualquier caso, actuaremos con prudencia pero con firmeza, poniendo la información al servicio de la sociedad y tratando de causar el menor perjuicio posible, evitando los adornos periodísticos que venden mucho, magnifican la trascendencia de una noticia, engrandecen a quien la firma, dan mayor consistencia a un artículo y, sin embargo, aportan poco. A menudo disponemos de más datos de los que publicamos, pero nuestro objetivo no es dañar más aún a una ciudadanía hastiada, sino  tratar cada situación con rigor, honestidad y sensibilidad.

Es el compromiso con los principios básicos del periodismo lo que define a quienes formamos parte de este proyecto utópico, que nace con un espíritu plural e independiente y un estilo personal: el de no abandonar una historia hasta que se cierra por completo, aunque quienes nos lean puedan llegar a cansarse. En este sentido, os pedimos comprensión. Porque, por encima de todo, ésa es la única forma que tiene un periodista de mostrar respeto hacia las víctimas que depositan su confianza en él. Nosotros lo llamamos ‘periodismo reconstructivo’.

El coordinador de esta iniciativa, Gorka Moreno, acumula más de catorce años de experiencia en todos los ámbitos de la comunicación: prensa regional y nacional, en áreas como Sucesos, Defensa o Política; televisión local, nacional e internacional; agencias de noticias; radio; revistas generalistas y de investigación; medios online; publicidad; y comunicación corporativa. Ha trabajado como enviado especial en Turquía y Afganistán, vivió la guerra de Irak de 2003 en una corresponsalía de Estados Unidos y compartió experiencias durante seis meses con las gentes más olvidadas de Honduras.

Su interés por descubrir los entresijos de la profesión le han llevado a tener una visión abierta y amplia del sector. Podemos asegurar que todas las historias son veraces y están contrastadas, aunque a menudo también se vean sometidas a los cambios y avances de las propias investigaciones. Cuando cometamos un error, rectificaremos. Tendremos cientos de defectos, pero la vanidad no es uno de ellos. De hecho, la mayor parte de este equipo trabaja desde el anonimato. Ahora bien, sobre la base de una idea claramente definida: “La Justicia no entiende de bandos”.