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AQUEL 15 DE JUNIO DE 2012: CLAVES PARA ENTENDER LA CRISIS POLÍTICA NAVARRA

Por   /   4 marzo, 2014  /   Sin Comentarios

La gran crisis institucional que vive la Comunidad foral no comenzó, ni mucho menos, con la dimisión de Idoia Nieves como directora de la Agencia Tributaria de Navarra. El inicio tiene día y hora concreta: la medianoche del 15 de junio de 2012. Cesar al vicepresidente primero del Gobierno de Navarra, cuando éste es a su vez secretario general del PSN, partido que sostiene al Ejecutivo y única alternativa viable para sumar mayorías constitucionalistas, fue el mayor error político de UPN en sus dieciocho años de mandato.

Lourdes Goicoechea y Yolanda Barcina, en el Parlamento foral. EDUARDO SANZ

Lourdes Goicoechea y Yolanda Barcina, en el Parlamento foral. EDUARDO SANZ

 

La aritmética hacía imposible un Gobierno estable con el Partido Popular. A partir de esa decisión personalísima de Yolanda Barcina, que no fue consultada con los órganos directivos de su partido ni con la cúpula del PSOE, la suerte estaba echada para los principales artífices de ese sainete: la propia presidenta, Roberto Jiménez y sus respectivos partidos.

Con el único propósito de conseguir un adelanto electoral, el PSN emprendió una estrategia de oposición brutal que ha convertido a Navarra en una región ingobernable. Al ir apurándose los plazos, creyó ver en la rueda de prensa de la dimisión de Nieves su oportunidad soñada, pues nada es más detestable para los ciudadanos que un caso de corrupción como el que parecía deducirse de las palabras de la exdirectora de la Agencia Tributaria de Navarra.

A pesar de las “injerencias”, el globo de la corrupción, entendida como delito punible penalmente, se desinfló hasta el punto que dos partidos tan poco sospechosos de ser afines a los regionalistas como Geroa Bai y Aralar reconocieron su inexistencia. Pero aquella memorable frase de “en Navarra el PSOE soy yo” o aquella otra de “o se va o la echamos” ya formaban parte de las hemerotecas y de la Historia.

No midió los tiempos el señor Jiménez. No calculó el quebranto que su órdago supondría para su partido en medio de la campaña de las elecciones europeas. Una moción de censura socialista para desbancar a una presidenta de UPN contra la que no se han encontrado pruebas irrefutables de corrupción y que necesariamente debería contar con el apoyo de Bildu es una pesadilla para Ferraz.

Barcina optó no dimitir, consciente de que su posición electoral, tras la comisión de investigación, es más fuerte si los socialistas lideran una moción de censura que si ella disuelve el Parlamento. En el primer caso, se escudará en que votar al PSN vale lo mismo que votar a Bildu. Si su partido sufre una catástrofe electoral, podrá argumentar que ella aguantó todo lo que pudo. Pero un más que previsible batacazo regionalista tras la disolución voluntaria de la Cámara foral por la presidenta la situaría en primera línea a la hora de exigir responsabilidades.

No calculó el PSN el efecto adverso en las elecciones europeas, ni la seria oposición de parte de Madrid, ni la resistencia en el puesto de Yolanda Barcina. Por ello y porque Jiménez sabe que presentar una moción por su parte puede ocasionarle un desgaste irrecuperable, los socialistas buscan fórmulas que minimicen esos aspectos adversos.

La primera de ellas es convencer a Barcina no ya de que convoque elecciones, sino de que dimita. Su órdago fue calculado: “O se va o la echamos”. Hablaba de ella directamente, no de su partido. En el PSN pueden darse por satisfechos con una dimisión de la presidenta, que supondría un nuevo proceso de investidura donde sería otra la cara que pudiera optar al sillón presidencial para gestionar el año que queda de legislatura. Desde luego, dicha postura sería mucho mejor vista desde Ferraz que la moción de censura, minimizaría los efectos de dicha moción en las europeas, no supondría dinamitar absolutamente todos los puentes con UPN y, sobre todo, satisfaría los ánimos de revancha de los militantes socialistas al tiempo que daría un mejor posicionamiento a su partido ante unas futuras elecciones en 2015. Tanto es así que, incluso, podrían facilitar la investidura de un nuevo candidato de UPN, lo que en Navarra no les generaría gran quebranto y ayudaría a su partido en la campaña de las europeas.

Pero esta postura tiene un punto muy débil: depende de la voluntad de Yolanda Barcina. Y la presidenta parece una mujer de voluntad firme. El PSN trata de presionarla para que abandone su cargo, pero no se trasluce, al menos de momento, que dicha presión esté surtiendo efecto.

La segunda alternativa pasa porque Izquierda-Ezquerra (I-E), para evitar que el PSN dé marcha atrás con la moción, opte por presentar, con apoyo de otros parlamentarios, su propia moción de censura. En ese sentido se pronunció la Ejecutiva de I-E celebrada ayer en Pamplona, tal y como ha informado este medio. Pero esta decisión no evitaría la confluencia de votos del PSN y Bildu para prosperar, aunque los socialistas respirarían bastante más aliviados.

LOS EFECTOS DEL ADELANTO ELECTORAL

UPN tiene ante sí un mal panorama de futuro. El caso CAN, la crisis económica y la gestión de la sanidad pública van a suponerle un descenso importante de votos. No obstante, una moción de censura necesariamente apoyada por Bildu puede darle un aliento que no tendría en unos agónicos comicios en 2015. Paradójicamente, aunque de la comisión de investigación se derivase una moción, UPN ha salido de la misma en mejor situación de la que entró. Pero una hipotética dimisión de Barcina podría propiciar una nueva investidura que hiciera posible acabar la legislatura, y proyectaría una imagen de generosidad y desprendimiento a valorar por los votantes.

I-E puede ser uno de los partidos que se verían más fortalecidos por un adelanto electoral. Porque si el PSN recula, que la coalición de izquierdas tome la iniciativa puede suponerle un importante trasvase de votos.

No es sin embargo el mejor momento para Aralar. Su fuerza dentro de EH Bildu no está consolidada, y tanto sus representantes como los de EA no se encuentran en la mejor situación a la hora de elaborar una nueva lista electoral en Navarra.

Geroa Bai podría beneficiarse del adelanto en cuanto al número de escaños obtenidos, aunque ello pueda suponer la marcha de Uxue Barkos del Ayuntamiento de Pamplona. La concejala tiene un buen altavoz a nivel nacional en el Congreso de los Diputados, al que también debería renunciar en caso de entrar a formar parte de un futuro Gobierno de Navarra. Además, su puesto en el Consistorio pasaría a la siguiente persona de la lista con la que concurrió, Nabai 2011, más alineada con EH Bildu que con Geroa Bai.

Al PPN, el adelanto no le convendría en absoluto. Las encuestas publicadas hablan de una pérdida de uno o dos escaños, es decir, de entre el 25 y el 50 por ciento de su representación actual. Los populares navarros preveían una estrategia antes de las elecciones con caras nuevas y nuevos bríos, cuestión que no podrán llevar a cabo si se adelantan los comicios.

Bildu se encontraría en un momento óptimo. A escasas semanas de la primera entrega de armas de ETA, sin concurrir a unas elecciones al tiempo que otras comunidades donde su experiencia de gobierno no ha sido bien valorada por los ciudadanos, sabiéndose indispensable para cualquier alternativa de cambio en la Comunidad foral, su postura es de suma fortaleza. Puede incluso permitirse el lujo de ser generoso en la elaboración de las listas electorales y de no desgastarse en futuras luchas de gobierno. Evitaría un proceso de primarias y restaría impulso a una posible intromisión de Sortu, que sí se produciría en 2015.

Por último, el PSN se encuentra en la encrucijada. El PSOE puede prohibir la presentación de la moción de censura, lo que supondría un desastre electoral para los socialistas navarros. La estrategia de votar una moción de I-E también supondría un fuerte desgaste. Lo que si parece claro es que, con moción o sin ella, su secretario general estaría amortizado para unas nuevas elecciones y habría sido la primera víctima de su órdago.

Dentro de pocas horas, los socialistas deberán anunciar su decisión final. No parece que sean ellos quienes presenten la moción de censura, pero sí estarían obligados a votar favorablemente una moción de I-E con el único objeto de convocar unos comicios, es decir, de echar a Barcina. Pero agotan las últimas horas para buscar la solución que menos le perjudique: la dimisión de la presidenta, que pondría fin a esta vertiginosa huida hacia adelante a la que un error de cálculo les ha conducido. Tienen cuarenta y ocho horas. En ese tiempo se decide el futuro de Navarra. Pero una, solo una persona tiene esa salida en su mano. Una salida que, a su vez, no es la peor para su propio partido ni para las ideas que defiende. La solución, el próximo jueves.

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